El PRD que se nos fue
Conducíamos por la carretera de Toluca a naucalpan, eran las dos de la madrugada y a pesar de la hora, el estrés del registro de planillas a las elecciones municipales en el estado de México había servido de energético suficiente para no permitir avanzar al sueño.
Gabriel y yo veíamos satisfechos las líneas blancas de la carretera, habíamos reunido toda la documentación necesaria en dos días de locura y, unas horas antes, nos habíamos plantado frente a la ventanilla decididos al registro. Por supuesto aquello era mera jugada política y al final sabíamos que la negociación con la nueva izquierda avanzaría, nuestro candidato o candidata quedaría en la planilla definitiva en el tercer lugar de las regidurías.
Todo había salido de acuerdo a lo programado, mientras avanzábamos por la autopista se respiraba la tranquilidad del aire del bosque y aquel aire puro parecía liberarnos al fin de la burocracia del partido.
Pensaba en la próxima campaña, en cómo aquellos días que nos esperaban definirían mi vida y la de todo tlalnepantla cuando Gabriel dijo:
-Yo llevo como veinte años haciendo política, más tal vez. Empecé en el Distrito Federal, allá las cosas son distintas al Estado. Pero me hice militante, ya en serio, cuando vino el desafuero de Andrés Manuel.
Gabriel hablaba pausado, poniendo un suspiro melancólico entre líneas y acomodándose en el asiento del copiloto, dejando su cuerpo acurrucarse en el viejo respaldo del ikon destartalado.
- ¡y esos meses fueron muy movidos!- continuó- hicimos una mini campaña en el distrito. Salias a la calle y las "doñitas" te daban de comer, la gente estaba animada con Andrés Manuel. Pensábamos que iba a ser presidente y cuando le robaron la elección muchos estábamos prendidos, dispuestos a tomar las armas. Pensé que algo se haría, ¡Nos sentíamos a punto se ser guerrilleros!. Yo me imaginaba armando una célula como las de la liga, ¡ya sabes!, secuestros y así, actividad política en serio. Pero no.
Abrí la ventana para que entrara bien aquel aire de la marquesa, la noche se nos presentaba nueva y esperanzadora. Tendríamos unos meses para recorrer tlalnepantla de nuevo, de arriba a abajo, literal, de los cerros de la zona Oriente a las calles planas de los fraccionamientos ricos como valle dorado.
-En el dos mil diecisiete yo voy a ir con el prd, -dijo entre un bostezo- pero en el dieciocho si no hay alianza yo voy a votar por Morena, chingue su madre. Sí, soy perredista, pero no hay un cuadro que me convenza como Andrés Manuel.
Lo miré de soslayo, entre el rabillo del ojo derecho. Estiraba los brazos y luego los ponía en la nuca, cruzaba las piernas y como si masticará algo entre los dientes frontales fulminó con su frase:
-Ya no creo en el partido, los dirigentes históricos se fueron, hoy todos son "nuevos ricos" haciendo negociaciones en lo obscuro. ¡Todos!.
Recuerdo con cierta nostalgia aquella noche, son decenas los militantes que como Gabriel, hoy levantan la bandera de otro partido.
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